Vacas

6 febrero 2009 at 10:12 Deja un comentario

Una vaca recuperándose de una escaramuza (EFE/Público)

Una vaca recuperándose de una escaramuza (EFE/Público)

¡Qué angustia, vaca!¡Qué miedo! Te he visto, vaca, y me he asomado a tus ojos. He podido ver tu grito silencioso, vaca, que pide socorro porque algunos se aferran a tus vacías cuencas en busca de un tablón salvavidas. Tu rumiante mirada se ha adueñado de Madrid durante estos días, vaca, lo miras embobada, como hacemos todos.

Muchas vacas. Decenas. Ignoramos si les hicieron exámenes psicológicos antes de colocarlas en las calles para saber si estaban locas o no. Una auténtica invasión que ha vuelto a hacer aflorar los más bajos instintos del pueblo madrileño. Como en 1808. Como en una guerra. Como en “La carga de los mamelucos” (esperemos que de Goya), una gran cantidad de bovinos se ha visto mutilada por una masa enfurecida.

Si piensan que no hubo provocación como la de Murat, están equivocados ¿Qué mayor provocación puede haber que colocar una vaca en una taza de café gigante al lado de la estatua de Valle-Inclán en el paseo de Recoletos. El pueblo madrileño vive siempre en los extremos, aclamando tanto absolutistas como republicanos, y por ello, al sentir violado su espacio vital ha decidido atacar a las vacas. Por si acaso. Nunca se sabe el daño que pueden provocar unos inertes bovinos.

Rabos rotos, cuernos estropeados, vacas voladoras con vértigos… El hospital de vacas habilitado en el Niño Jesús se ha tornado en un hospital de campaña. Fuentes de dicha institución negaron declararnos si había vacas, como se sospecha, que se automutilaban por temor a salir al frente de batalla de la Zona Centro.

Rescatando técnicas de la Guerra de la Independencia, apoyadas por los métodos más modernos y crueles. Los madrileños han decidido golpear con fuerza al Cow Parade (que intentará resistir hasta mediados de marzo). Pequeñas cuadrillas atacan leve, pero mortalmente al enemigo, mientras otros se encargan de humillarlo pintándolo. Asimismo, también se ha podido asistir al secuestro, al más puro estilo FARC, de Albertina Pinturina, una pobre vaca afincada en Lavapies. Se ignora si sufre el síndrome de Estocolmo.

El escándalo de los madrileños por la invasión se vio aumentado sensiblemente al descubrir que las vacas no eran nobles soldadas. Vacas, malditas vacas. Son mercenarias, apadrinadas por las grandes corporaciones, sólo cumplen órdenes. No se les escapan las lágrimas imaginando los verdes prados de donde provienen. Tienen un frío corazón y todos esperamos pronto denuncias sobre la utilización de terneros-soldado. Es extraño no solidarizarse con los madrileños.

Sólo se puede hablar desde la rabia y desde el trauma. Yo fui el que elegí encargarme de Cultura esta semana, sin embargo acabé narrando una crónica de la guerra. Fui a Colón en Cercanías, y acabé sin quererlo en un Waterloo bovino ¿Por qué somos tan animales?¿Por qué existe el ánimo de destrozar una idea tan buena como el Cow Parade? Por cierto, ¿os ha gustado?

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