Afganistán, el nudo gordiano de las relaciones trasatlánticas

7 abril 2009 at 00:01 Deja un comentario

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Estados Unidos va a enviar en los próximos meses 21.000 soldados más que se unirán a los 36.000 ya desplegados

La pasada semana el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, visitó suelo europeo para asistir, entre otras citas trasatlánticas, a los actos por el 60º aniversario de la creación de la OTAN. Precisamente en esta conmemoración, Obama aprovechó para exponer a los líderes europeos su nueva política para Afganistán, cuyo objetivo último es derrotar a los talibanes, que se han hecho fuertes en los últimos tiempos en la zona suroeste del país gracias a la permeabilidad de la frontera paquistaní y a la errada política de ‘mínimos’, aplicada en la guerra afgana por la anterior administración americana.

Aunque la guerra del año 2001 librada en aquél país y que tuvo éxito si se hace referencia al derrocamiento del régimen talibán, lo cierto es que la falta de atención de Rumsfeld y Bush hacia la posguerra afgana en favor del nuevo conflicto que estalló apenas dos años después en Iraq impidió apuntalar la seguridad de un país que, por su extensión y dificultad de comunicaciones, necesita de un enorme número de soldados. No sirve tener la superioridad aérea si en tierra no se tiene el control, eso es lo que no sabía o no supo ver Bush, que optó por mantener el Afganistán el mínimo necesario para mantener a raya a los talibanes del Mulá Omar, que habían quedado muy debilitados tras la guerra.

Sin embargo, ocho años después los estudiantes islámicos –ése es el origen de los talibanes y de Al Qaeda- han logrado reorganizarse y hacerse fuertes en la zona sureste del país, con centro en Kandahar, llegando a tomar el control de zonas situadas más al norte y que hasta hace poco estaban en manos de la ISAF, la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de la OTAN. Ese renacer vigoros se debe también a la permeabilidad de la frontera con Paquistán, donde los muyahidines se ocultan en un área montañosa denominada Waziristán. A pesar de que el Gobierno paquistaní mantiene tropas de combate en esa zona de refugio islámico, lo cierto es que no han hecho avances significativos, sino más bien retrocesos. Además, las relaciones del ISI, el servicio secreto paquistaní, con los grupos terroristas islámicos y la autoría pakistaní en los atentados de Bombay del pasado mes de noviembre han hecho subir la tensión con el eterno enemigo, la India, aliada por otra parte de Estados Unidos. Un enfrentamiento entre las dos potencias nucleares del Índico obligaría a Pakistán a retirar gran parte, si no todo, de su contingente desplegado en Waziristán, lo que complicaría mucho el curso de las operaciones de la OTAN contra los fundamentalistas.

Por tanto, Afganistán juega un importante papel en la lucha contra el terrorismo islámico, y en esta tarea la OTAN puede encontrar la función, el leitmotiv para seguir existiendo, que llevaba buscando desde que desapareció la URSS y con ella el Pacto de Varsovia, la entidad que motivó la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Ahora bien, luchar contra el terrorismo de corte yihadista o los talibanes supone enfrentarse a un enemigo que no tiene un Estado detrás, ni un uniforme, ni es identificable de forma alguna, siendo entonces muy difícil de diferenciarlo entre la población civil. Tampoco emplean aviones de combate, ni buques de guerra o carros de combate: simples pero eficaces fusiles de asalto Kalashnikov, lanzagranadas y lanzacohetes portátiles y minas o bombas de fabricación casera.

Ese nuevo enemigo implica un trabajo en el suelo, allí donde la superioridad aérea facilita mucho las cosas pero no cierra definitivamente el trabajo.

Y eso significa más tropas de tierra, pero también más riesgo. Estados Unidos va a enviar en los próximos meses entre 21.000 soldados más que se unirán a los 36.000 ya desplegados, y a pedido a sus aliados europeos que hagan un esfuerzo para enviar más hombres a la zona. “Al Qaeda es un peligro mayor para Europa que para Estados Unidos” dijo el pasado viernes Barak Obama en Alemania, y añadió que “esta [la guerra contra la insurgencia en Afganistán] no es una misión norteamericana […], ni es una misión de la OTAN; esta es una misión internacional”. Por el momento, al llamamiento han respondido Alemania, que mandará 800 soldados más, Italia, que aportará un total de 500 hombres, Polonia, que destinará al país asiático entre 400 y 600, y España. José Luis Rodríguez Zapatero anunció el domingo el envío de un batallón (450 hombres) para velar por la seguridad en las elecciones que se han de celebrar en agosto en el país, en las que Karzai se juega su futuro al frente del Gobierno. Pero poca cosa más. Es una guerra de muy difícil justificación ante las respectivas opiniones públicas, amén del evidente riesgo de bajas nacionales por acciones de la insurgencia talibán.

¿Creéis que la OTAN está capacitada para hacer frente al nuevo tipo de conflicto imperante en este siglo XXI? ¿Es posible la reconstrucción y estabilidad total de Afganistán a largo plazo? ¿Qué otras amenazas creéis que deberá afrontar Occidente en las próximas décadas? ¿Ha hecho bien España en comprometer más hombres en un conflicto del que gran parte de la sociedad no comprende?

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