Glow, una exitosa apuesta por una nueva forma de hacer teatro

23 octubre 2009 at 00:01 1 comentario

Se sube el telón y se ve a una pareja, vestida con trajes reflectantes,  hablando en un exótico idioma y cuya escenografía recuerda al mundo del cómic. Se baja el telón y se vuelve a subir. Esta vez la misma pareja representa la escena de una oscarizada película, en la que se juega con diversos ángulos de cámara. Se baja el telón. ¿Cómo se llama la representación? La respuesta es Glow, la nueva obra del isarelí Kalfo y que se estrena el próximo 27 de octubre en el teatro Nuevo Apolo.

¡Luces, cámara, acción! Bienvenidos al impredecible mundo del espectáculo, un mundo en el que la cruenta realidad se puede trenzar con un hilo de arco iris y la arrogante ficción tornarse en la vida misma. Aquel universo donde existen mil formas de adaptar una simple historia de amor de cualquier ciudadano de a píe a una obra y hacerla atractiva y excitante, hasta convertirla en una fórmula exitosa dirigida a un público cansado de los tópicos teatrales. Así es como el director israelí Lior Kalfo (Wow Sho, Funtazi Kids, The Giants and his Magical Garden), en colaboración con David Ottone (Yllana), Bernie Kukoff (productor del show de Bill Cosby) y la compañía de Mayumaná, ha creado Glow, una apuesta arriesgada que combina la interacción teatral, la espectacularidad cinematográfica y la estética del cómic, ofreciendo una manera distinta de contar una historia de amor con dulces dosis de humor. “Es el teatro negro de toda la vida, pero modernizado. Aunque es más que eso, porque bebe de muchas fuentes”, declara Ottone.

En esta comedia, el protagonista, James Glow, es un joven soñador que lleva una vida aburrida y triste, hasta que se enamora de una dulce secretaria, Emilie. Su amor por ella le lleva a superar sus miedos a enfrentarse a un jefe psicótico, que considera que el poder y el dinero lo es todo. No obstante, el embrujo de esta obra no es lo qué cuenta, sino la manera en cómo lo hace.

Kalfo ha renovado la magia del tradicional teatro negro de Praga, a través de una fusión de algunas de las características de la animación, el cómic y el sétimo arte, representada por un reparto de 14 figurantes, entre protagonistas y los denominados actores “invisibles”. Una innovadora composición a la que se suma la invención de un nuevo lenguaje, el “glowish”, fácilmente comprensible por el público, que entremezcla israelí, inglés, alemán, francés, español e italiano.

En definitiva, dos años de trabajo en los que se ha dado rienda suelta a la imaginación y creatividad para hacer que el espectador disfrute, con palomitas incluidas, durante los cerca de 80 minutos que dura la representación. Sin duda, una buena alternativa para pasar las frías tardes de otoño.

¿Qué opinas de la adaptación de la tradicional forma de hacer teatro a las innovaciones tecnológicas? ¿Consideras que puede ser una apuesta demasiado arriesgada?  ¿Cuál es tu opinión acerca de la oferta teatral que Madrid ofrece para este otoño?

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