El periodismo, cuestionado en el caso de la niña de Tenerife

3 diciembre 2009 at 01:18 Deja un comentario

¿Es hora de parar los circos mediáticos en casos de malos tratos? Ésa es la pregunta que mucha gente, y entre ellos muchos compañeros de profesión, se están haciendo en estos momentos, cuando hay en la calle un inocente, llamado Diego Pastrana, al que durante día se crucificó como presunto autor de la muerte de su hijastra, de tres años de edad, en Tenerife.

Ahora, cuando la autopsia ha demostrado que la pequeña no murió como consecuencia de los supuestos malos tratos que, según se apuntaba, recibía por parte de su padrastro (con violación incluida, para darle más dramatismo), sino que se debió a un golpe que sufrió en la cabeza mientras jugaba en un parque, lo que ha quedado claro es que se han hecho muchas cosas mal en este caso.

Primero, la filtración del informe médico que apuntalaba la teoría de los malos tratos, y que ahora se ha quedado en papel mojado. Era una historia demasiado jugosa como para dejarla en la discreción de los servicios policiales. Era necesario sacarla, entre otras cosas, porque el argumento era terriblemente vendible. Y quizá esa sea una primera conclusión a sacar de este caso: antes de correr a publicar una información de semejante calibre, contrastar y, sobre todo, tener cierta prudencia. Ya sabemos que un informe médico es sagrado, pero como decía esta semana el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, es necesario “contrastar la información” porque hoy en día la inmediatez que caracteriza la información “no es buena”. Una filtración que, por otra parte, será investigada por la Consejería de Sanidad del Gobierno canario.

Aun así, y dando por bueno el argumento que esgrimía el director del diario ABC, Ángel Expósito, en un videoblog de disculpa hacia el joven mediáticamente linchado, de que “nos fiamos del informe médico y de las fuentes policiales” por solventes, viene lo siguiente, el juicio paralelo que se hace a Diego Pastrana. Un bien ejemplo es el de este diario centenario, que titulaba junto a una foto del joven que nada decía en su favor, “la mirada del asesino de una niña de tres años”. Y es que no hay nada mejor para vender periódicos o minutos de radio y/o televisión en época de crisis económica, que titulares sensacionalistas sobre un tema que, por desgracia, es habitual en nuestra sociedad. Eso de la presunción de inocencia queda lejos cuando hay dinero en juego.

Claro que luego, cuando las pruebas dan un giro al caso hasta llegar, como aquí, a la liberación sin cargos del sospechoso, los medios de comunicación pierden interés por el asunto e intentan escabullir su culpa. Al menos en esta ocasión se ha sido valiente y desde algunos medios de comunicación, como ABC, e instituciones como la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) o la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), se ha pedido disculpas al damnificado. Diego ha dicho hoy en la primera entrevista que ha concedido que van a ir a los tribunales “a por todas: primero los médicos y luego la prensa”. Y es que pasó dos días en los calabozos (el diario El Mundo apunta incluso a una posible comisión de delitos por tortura psicológica por parte de la Policía) soportando un linchamiento a nivel nacional que lo llevó a ingresar, ya libre, en un hospital con una fuerte depresión.

Como fondo, una reflexión que todos los periodistas debemos hacernos. Demasiadas veces un caso de muerte violenta en el que un menor es la víctima se convierte en un caldo de cultivo perfecto para decir las mayores barbaridades hacia el o los presuntos acusados, cuando no para transformarlo en todo un reality dantesco. ¿Se acuerdan del caso de Marta del Castillo? Sobre él existen las más variadas teorías de lo que hicieron Miguel Carcaño y compañía con el cuerpo de la joven, muchas alimentadas por la prensa. De momento, podría orquestarse otro show, esta vez en torno a la investigación de la filtración del informe médico, como ha advertido el Colegio de Médicos de Santa Cruz de Tenerife.

¿Crees que Diego Pastrana merece una disculpa generalizada de todo el gremio periodístico? ¿Qué conduce a que se generen estos juicios de escarnio público? ¿Merecerían una sanción aquellos medios de comunicación que han hecho carne de este joven sin respetar su derecho a la presunción de inocencia? ¿Qué se puede hacer para evitar casos tan bochornosos como éste en el futuro?

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