Un problema diplomático (y político) llamado Aminetu Haidar

9 diciembre 2009 at 01:39 Deja un comentario

Aminetu Haidar prosigue con su huelga de hambre. (Foto: El Mundo.es/AFP)

Éste podría ser, en esencia, el título de una novela que tratase de relatar todo lo que ha ocurrido hasta el día de hoy en el aeropuerto de Lanzarote, donde la activista Sauri Aminetu Haidar lleva ya 24 días en huelga de hambre, reclamando volver a El Aaiún, donde vive con sus dos hijos.

España y el Ministerio de Asuntos Exteriores tienen una papeleta de muy difícil solución. La situación de Aminetu Haidar es complicada en términos jurídicos, puesto que llegó al aeropuerto de Lanzarote sin pasaporte, después de que en el aeródromo de El Aaiún le fuese retirada su documentación por policías marroquíes cuando intentaba entrar en territorio marroquí (o saharaui, como quieran) y fuera enviada “a la fuerza” de vuelta a Lanzarote, donde había hecho escala durante un viaje desde Estados Unidos, donde había recibido el premio Civil Courage de la Fundación Train, vinculada al partido demócrata. En esas condiciones a uno no le dejarían ni embarcar en el avión hacia Canarias, pero se le permitió, al parecer, con permiso especial o conocimiento desde el Ministerio de Exteriores. Primer error -¿o se trataba de un acuerdo con Marruecos, como denunció Haidar ante la Policía de Lanzarote?- que fue secundado por otro, que fue permitirla desembarcar del avión que la trajo. Estas dos irregularidades desencadenaron la huelga de hambre. Para la saharaui, España ha sido cómplice en su expulsión de Marruecos.

Desde ese 14 de noviembre la posición inamovible de Haidar se ha convertido en un problema para el Ejecutivo socialista. Marruecos ha expulsado a una ciudadana suya, arrebatándola el pasaporte, y no la permite regresar, mientras que ella no admite la propuesta que le hizo Miguel Ángel Moratinos –concederle estatus de refugiada, o bien la nacionalidad española, si el Reino alauí se negaba a expedirle un nuevo pasaporte en el Consulado de Las Palmas-. Y así durante 24 días.

España, según aseguran las autoridades de Exteriores, mantiene contactos diplomáticos con Rabat para intentar llegar a una solución. Y es que hay mucho en juego: nada menos que la política de inmigración y de lucha contra el narcotráfico en el Estrecho. Eso lo sabe el Gobierno marroquí, y con esa baza juega unas cartas muy sucias, con amenazas más o menos veladas sobre posibles consecuencias.

En esta crisis España no puede contar ni con Estados Unidos, que en el episodio de Perejil ya quedó claro de qué lado se inclinó (aunque sí ha pedido formalmente que se respeten los derechos de Haidar), ni con Francia, dados sus muchos intereses comerciales en el país magrebí. La Unión Europea, que sí tendría capacidad para imponer sanciones a Marruecos y obligarla a deponer su actitud, está bloqueada por la mano gala. En cuanto a la ONU, no hay muchas expectativas de que se moje en el asunto si España, como se ha anunciado, solicita su intervención, entre otros motivos porque hace caso omiso a su propia resolución de llevar a cabo un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental. Al menos, contamos con el apoyo de nuestros vecinos portugueses, cuyo Parlamento ha aprobado una moción en la que expresa su malestar por la situación de Aminetu Haidar.

Tras 24 días de huelga de hambre, la salud de la activista empeora cada día y la situación está en punto muerto. Para Haidar, su protesta finalizaría sólo si volviera libre a El Aaiún, algo que hoy por hoy Marruecos no acepta, pues supondría una derrota para la maquinaria represiva marroquí. Por otra parte, España ya parece haber tirado la toalla a nivel diplomático, según los principales diarios nacionales, y estaría presionando a Haidar para que hiciera las cosas más fáciles, o sea, dejando el ayuno. Incluso está barajándose la posibilidad de alimentarla de manera forzosa si la situación empeora, como ya se hiciera con 60 presos de GRAPO en 1990 (un muerto político para España sería devastador a nivel internacional, y se quiere evitar aduciendo a que “lo primero es la vida de Haidar”, como dijo Pepe Blanco). Haidar ya se ha adelantado a este movimiento y, al parecer, habría firmado una declaración ante notario en la que expresa su deseo de no recibir asistencia médica o ser alimentada contra su voluntad en caso de pérdida de consciencia, advirtiendo incluso de acciones jurídicas si se la alimenta forzosamente. Todo se complica para un Gobierno que tiene un problema diplomático con muchas aristas, y con consecuencias políticas, tanto si se resuelve con la muerte de Haidar, como si finalmente ésta logra que Marruecos la deje volver a su tierra.

¿Es Haidar la responsable de que esta situación esté enquistándose? ¿El error de España fue permitir la entrada de la activista sin pasaporte en Lanzarote? ¿Debería España ser más firme en su compromiso histórico con el pueblo saharaui  y no doblegarse ante Marruecos en un caso como éste?

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