¡Yo también quiero un cementerio nuclear!

26 enero 2010 at 01:24 2 comentarios

Centro de almacenamiento de combustible nuclear, en la central de EDF de Paluel (Francia) (Foto: France Diplomatie)

Centro de almacenamiento de combustible nuclear, en la central de EDF de Paluel (Francia) (Foto: France Diplomatie/AFP)

Resulta paradójico que en una sociedad como la actual, en la que todos parecemos ser verdes, ecológicos y más comprometidos con el medio ambiente, haya en estos momentos varias localidades de España “peleando” por albergar en sus respectivos términos municipales el futuro Almacén Temporal Centralizado (ATC) de combustible nuclear gastado y residuos radiactivos de alta actividad, que gestionará la empresa pública Enresa.

Los pueblos que hasta el momento han mostrado su interés en el ATC son Ascó (Tarragona), que posee una central nuclear de doble reactor; Yebra (Guadalajara), pueblo vecino a Trillo, donde está ubicado otra planta nuclear; Bernuy de Porreros, muy cercana a Segovia, y Campo de San Pedro, también en la provincia de Segovia.

Las dos candidaturas segovianas, promovidas por sus respectivos alcaldes, no han llegado ni siquiera a plantearse formalmente ante la negativa rotunda de los vecinos. Yebra, por su parte, ha presentado de manera formal su candidatura, a pesar de que ni el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, ni María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, partido al que pertenece el alcalde del municipio alcarreño, Juan Pedro Sánchez, apoyan el proyecto. Es más, Sánchez tiene abierto un expediente que podría costarle la salida del partido por desobedecer las órdenes de Génova, y eso que Rajoy está a favor de las nucleares.

En Ascó las cosas están, más o menos, como en Yebra. La diferencia está en que aquí no es que haya una parte del pueblo que apoye alojar el ATC, sino que todos sus habitantes están en contra de las intenciones del regidor de Ascó, Rafael Vidal, de CiU, cuyo partido también le ha amenazado con suspenderle de militancia si prosigue con la candidatura; y no hablemos de lo que opina Montilla al respecto.

El argumento defensor de los dos Ayuntamientos es, básicamente, el mismo: el dinero y los puestos de trabajo. El proyecto del ATC incluye la construcción del depósito de residuos de larga duración y un centro de investigación en i+D sobre transmutación de residuos, que cada año dejará 11,5 millones de euros como ‘compensación’ al municipio que lo acoja, más una inversión de 50 millones anuales en este laboratorio. A ello se añade la creación de 300-500 puestos de trabajo durante los cuatro años que dure el proceso de construcción de las instalaciones, y 110 empleos directos una vez puesto en marcha a lo largo de los 60 años de vida útil de este almacén nuclear. Porque no olvidemos, se trata de una solución en espera de que, dentro de seis décadas, se haya descubierto la tecnología para eliminar la radioactividad de esta basura atómica.

Las contrapartidas del proyecto son, obviamente, relativas a temas de seguridad y sanidad. Greenpeace afirma que el cementerio nuclear “albergará ciento de veces la radioactividad que se escapó en Chernobil”, en forma de 7.000 toneladas de combustible procedente de las centrales españolas y 1.900 metros cúbicos de residuos del desmantelamiento de Vandellós I, que ahora están en Francia y que en 2010 deben volver a España. Carlos Bravo, portavoz de Greenpeace, explicaba esta semana que “en los elementos inertes que alberga [el ATC] sigue habiendo reacciones”, puesto que mientras “los residuos se desintegran” en un proceso “que puede durar cientos de años, se genera radioactividad”, y en algunos casos, afirma, “gases que se liberan a la atmosfera”.

El problema está, precisamente, en la falta de tiempo, y por partida doble. Como informa el diario Público, Francia tiene almacenado en régimen de alquiler los residuos procedentes del desmantelamiento de Vandellós I, y a finales de 2010 comenzará a cobrar la nada despreciable suma de 50.000 euros diarios si España no los retira. El otro motivo de prisa es que los residuos procedentes del combustible nuclear agotado de las seis centrales nucleares activas en nuestro país se guardan por el momento en las piscinas de almacenamiento de cada central, que estarían al borde de su capacidad. Razones de peso para tan poco tiempo, puesto que el ATC llevará cuatro años para su construcción, y en el proyecto inicial se contemplaba su puesta en marcha este mismo año. En el mejor de los casos, el ATC, sea donde quiera que se asiente, no sería una realidad hasta 2014, lo que conllevaría pagar a Francia una factura de 73 millones de euros por los desechos de Vandellós I, y eso sin pesar dónde metemos el combustible que gasten de aquí a 2014 los ocho reactores que hay activos en este momento…

Ascó y Yebra parecen llegar solas a la carrera final, pero sus ciudadanías no quieren oír hablar de vivir al lado de un almacén atómico, aunque caiga una lluvia de millones en inversiones. Y mientras, el Gobierno se muerde las uñas pensando, en plena crisis económica y de credibilidad, dónde diablos puede colocar una instalación necesaria a medio plazo, pero difícil de justificar de cara a la opinión pública. Con el discurso tan verde que tenía ZP…

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o también quiero un cementerio nuclear!

Resulta paradójico que en una sociedad como la actual, en la que todos parecemos ser verdes, ecológicos y más comprometidos con el medio ambiente, haya en estos momentos varias localidades de España “peleando” por albergar en sus respectivos términos municipales el futuro Almacén Temporal Centralizado (ATC) de combustible nuclear gastado y residuos radiactivos de alta actividad, que gestionará la empresa pública Enresa.

Los pueblos que hasta el momento han mostrado su interés en el ATC son Ascó (Tarragona), que posee una central nuclear de doble reactor; Yebra (Guadalajara), pueblo vecino a Trillo, donde está ubicado otra planta nuclear; Bernuy de Porreros, muy cercana a Segovia, y Campo de San Pedro, también en Segovia.

Las dos candidaturas segovianas, promovidas por sus respectivos alcaldes, no han llegado ni siquiera a plantearse formalmente ante la negativa rotunda de los vecinos. Yebra, por su parte, ha presentado de manera formal su candidatura, a pesar de que ni el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, ni María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, partido al que pertenece el alcalde del municipio alcarreño, Juan Pedro Sánchez, apoyan el proyecto. Es más, Sánchez tiene abierto un expediente que podría costarle la salida del partido por desobedecer las órdenes de Génova, y eso que Rajoy está a favor de las nucleares.

En Ascó las cosas están, más o menos, como en Yebra. La diferencia está en que aquí no es que haya una parte del pueblo que apoye alojar el ATC, sino que todos sus habitantes están en contra de las intenciones del regidor de Ascó, Rafael Vidal, de CiU, cuyo partido también le ha amenazado con suspenderle de militancia si prosigue con la candidatura; y no hablemos de lo que opina Montilla al respecto.

El argumento defensor de los dos Ayuntamientos es, básicamente, el mismo: el dinero y los puestos de trabajo. El proyecto del ATC incluye la construcción del depósito de residuos de larga duración y un centro de investigación en i+D sobre transmutación de residuos, que cada año dejará 11,5 millones de euros como ‘compensación’ al municipio que lo acoja, más una inversión de 50 millones anuales en este laboratorio. A ello se añade la creación de 300-500 puestos de trabajo durante los cuatro años que dure el proceso de construcción de las instalaciones, y 110 empleos directos una vez puesto en marcha a lo largo de los 60 años de vida útil de este almacén nuclear. Porque no olvidemos, se trata de una solución en espera de que, dentro de seis décadas, se haya descubierto la tecnología para eliminar la radioactividad de esta basura atómica.

Las contrapartidas del proyecto son, obviamente, relativas a temas de seguridad y sanidad. Greenpeace afirma que el cementerio nuclear “albergará ciento de veces la radioactividad que se escapó en Chernobil”, en forma de 7.000 toneladas de combustible procedente de las centrales españolas y 1.900 metros cúbicos de residuos del desmantelamiento de Vandellós I, que ahora están en Francia y que en 2010 deben volver a España. Carlos Bravo, portavoz de Greenpeace, explicaba esta semana que “en los elementos inertes que alberga [el ATC] sigue habiendo reacciones”, puesto que mientras “los residuos se desintegran” en un proceso “que puede durar cientos de años, se genera radioactividad”, y en algunos casos, afirma, “gases que se liberan a la atmosfera”.

El problema está, precisamente, en la falta de tiempo, y por partida doble. Como informa el diario Público, Francia tiene almacenado en régimen de alquiler los residuos procedentes del desmantelamiento de Vandellós I, y a finales de 2010 comenzará a cobrar la nada despreciable suma de 50.000 euros diarios si España no los retira. El otro motivo de prisa es que los residuos procedentes del combustible nuclear agotado de las seis centrales nucleares activas en nuestro país se guardan por el momento en las piscinas de almacenamiento de cada central, que estarían al borde de su capacidad. Razones de peso para tan poco tiempo, puesto que el ATC llevará cuatro años para su construcción, y en el proyecto inicial se contemplaba su puesta en marcha este mismo año. En el mejor de los casos, el ATC, sea donde quiera que se asiente, no sería una realidad hasta 2014, lo que conllevaría pagar a Francia una factura de 73 millones de euros por los desechos de Vandellós I, y eso sin pesar dónde metemos el combustible que gasten de aquí a 2014 los ocho reactores que hay activos en este momento…

Ascó y Yebra parecen llegar solas a la carrera final, pero sus ciudadanías no quieren oír hablar de vivir al lado de un almacén atómico, aunque caiga una lluvia de millones en inversiones. Y mientras, el Gobierno se muerde las uñas pensando, en plena crisis económica y de credibilidad, dónde diablos puede colocar una instalación necesaria a medio plazo, pero difícil de justificar de cara a la opinión pública. Con el discurso tan verde que tenía ZP…

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¿Por qué Haití ha pasado de la colonia más rica a ser un país subdesarrollado? Chávez, hasta en la sopa

2 comentarios Add your own

  • 1. Homer  |  19 abril 2010 en 17:22

    una pena que el reportaje este enfocado como pseudoreportaje,cuando no es ni mas ni menos que una opinion carente de objetividad y de contrastes.

    Sea considerado que multiples paises tienen este tipo de almacenes,se podria entender que no habria ningun mal en albergar nosotros dichos residuos al igual que lo hacen aquellos paises,en vez de estar pagando esas insultantes sumas de dinero,solo por que esta la arcaica creencia de cuan simpsoms,tendremos todos peces de tres ojos en los rios y nos volveremos amarillos y con 4 dedos

    Responder
    • 2. Jorge  |  20 abril 2010 en 10:24

      @ Homer

      Lo primero, esto no es una revista, esto es un blog, por lo que aquí se expone es opinión pura y dura, por lo que tu crítica carece de todo sentido. Es más, es la típica crítica de quien habla sin analizar.

      Y segundo, no sé quién dijo el otro día, pero no le faltaba nada de razón; “si los cementerios nucleares no son peligrosos, ¿por qué no los ponen al lado de los campos de golf?”

      Creo haber resuelto algunas de sus dudas.

      Un saludo.

      Responder

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