La lejana necesidad de un Pacto de Estado

15 febrero 2010 at 07:06 Deja un comentario

¿Zapatero y Rajoy, dos líderes condenados a entenderse.

Rajoy y Zapatero, dos líderes condenados a entenderse.

El título de este artículo puede parecer contradictorio, pero, lejos de ser así, responde a la visión que muchos españoles tienen de la que podría ser el principio del fin de la crisis económica y que, por el momento, se ve como una posibilidad remota: un gran Pacto de Estado entre todos los partidos políticos que componen el Congreso de los Diputados, liderado por las dos grandes formaciones nacionales, PP y PSOE.

El escenario actual es un cuadro al más puro estilo hermanos Marx. Un PSOE gobernante que en muchas ocasiones ha dado la sensación de no saber operar en medio de una tormenta económica –negando la crisis o achacándola a factores externos incluso ahora, cuando medio mundo comienza a volver a los números verdes-, pero que se deja ayudar poco por esa idiosincrasia española de no querer ayuda para llevarse uno todos los méritos; y un PP que tampoco quiere ayudar en exceso –en el horizonte de 2012 hay unas elecciones generales y, las primeras encuestas de enero de este año ya muestran un cambio en la intención de voto favorable al PP – y que ha hecho de la situación financiera y de paro una de sus banderas de oposición, aunque no haya aportado muchas soluciones más allá de aquello de “bajada de impuestos” y “modificación del contrato de trabajo. Del resto de partidos del arco parlamentario, unos se han escondido viendo cómo es otro el que aguanta el chaparrón, o las declaraciones que realizan tampoco muestran demasiada intención de colaborar.

Llegados a este punto, muchos ciudadanos se comienzan a plantear por qué no se produce en España un verdadero Pacto de Estado, en el que todos los grupos sean uno a la hora de trabajar (de verdad) para buscar soluciones reales a una crisis que, recordemos, lleva ya más de 4.300.000 parados. De materializarse este Pacto, en el que todos los políticos, ya fueran progobierno o prooposición, tendrían parte de responsabilidad (con lo que eso siempre conlleva a la hora de implicarse en un proyecto), los ciudadanos seguramente apreciarían que su clase política está con ellos y que realiza ese esfuerzo extra para sacar adelante el barco, y confiarían en ella.

Incluso unos pocos no verían con malos ojos un hipotético Gobierno a la Obama, esto es, llevar a cabo una crisis de Gobierno en la que se incorporen a las diferentes carteras del Ejecutivo personas capacitadas para cada Ministerio, ya sean del PP, de CIU o de UPyD, como hizo el presidente de los Estados Unidos cuando formó su Administración en 2008.

Sin embargo, Zapatero no parece muy decidido a dar ese paso de valentía que sólo los grandes líderes dan sin despeinarse (y Zapatero está bastante lejos de ser ese Churchill o ese De Gaulle que condujeron los destinos británicos y franceses en la II Guerra Mundial, o sin ir más lejos, como nuestro Adolfo Suárez). Así, el rey don Juan Carlos parece que ha querido empezar a mover por su cuenta ese tema, convocando el pasado viernes una reunión con los dos líderes de CCOO y UGT, Cándido Méndez e Ignacion Fernández Toxo, donde le explicaron, entre otros asuntos, el acuerdo al que llegaron con la patronal recientemente; si bien es cierto que la Casa Real reconoce que este encuentro se enmarca dentro de los “contactos habituales que Don Juan Carlos mantiene con representantes del mundo económico, empresarial y laboral”, dice en la nota que difundió acerca de la reunión.

Pero este gesto del Monarca, ya sea habitual o extraordinario, no sentó muy bien en el Gobierno, ya que parecía a todas luces que nuestro Borbón se había cansado de que el presidente del Gobierno no fuera capaz de llamar al consenso. Así, María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta primera del Gobierno, aclaraba en rueda de prensa dónde está cada uno, señalando que la responsabilidad “de abordar acuerdos” es “exclusivamente del Gobierno”, aunque agradecían el gesto del monarca de “arrimar el hombro” en momentos difíciles, si bien su papel se limita al de “informarse” de cómo está la situación, dijo De la Vega.

El Rey reina, pero no Gobierna, de acuerdo. Entonces, ¿por qué el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no da un paso al frente y asume esa competencia de “abordar acuerdos” que tanto reclama para sí, pero que no utiliza aun cuando es evidente que el Ejecutivo necesita ayuda? Quizá por desconfianza hacia el PP, como afirmaba ayer un interesante artículo en ‘El País’. Y si damos esa afirmación por buena, nos preguntamos, ¿será el PP tan valiente de quitarse la máscara del siembra cizaña y ponerse el mono de faena, proponiendo al Gobierno ese Pacto de Estado que, sin duda, a muchos no haría ver con más optimismo la crisis y nos daría confianza para salir de ella? Respuesta: “Zapatero no quiere pactar”, resumiendo el contenido de ese artículo que mencionábamos. “Qué país”, como diría el genial Forges si tuviera que resumir en una viñeta este cuadro.

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