3D, ¿fraude o negocio legal?

20 abril 2010 at 11:56 Deja un comentario

El 3D se ha puesto de moda. La cartelera está liderada por superproducciones elaboradas en este formato. Primero, la revolución azul de “Avatar”; luego, “Cómo entrenar a tu dragón”, y “Furia de titanes”; y ahora llega la esperada adaptación del cuento de Lewis Carroll por parte de Tim Burton, “Alicia en el País de las Maravillas”. ¿Cuándo acabará este cine de dudosa y costosa calidad tecnológica y limitada atracción del guión?

Tras el incuestionable éxito en taquilla del último filme del escarizado Cameron, Hollywood se sube a la ola del cine tridimensional. Cerca de 2.000 millones de euros han servido para que la industria norteamericana deje el tradicional formato tecnológico y lleve al espectador hacia un viaje en el que se sumerge en una tercera dimensión que “mejore” la calidad de imagen del largometraje.

Este aliciente ha supuesto una revolución no sólo en los estudios cinematográficos, sino también en las grandes pantallas, hasta el punto de que algunas producciones se han visto en la “obligación” de adaptar el producto final al 2D. Este proceso conocido como dimesionalización ha recibido importantes críticas desde las butacas, especialmente con los estrenos de “Furia de titanes” y la nueva “Alicia” de Disney, por destacados problemas de luminosidad y dimensionales.

Tal y como apunta Llompart en “El País”, los inconvenientes del 3D son: “En primer lugar, las gafas restan un 30% de luz a la pantalla y los proyectores no tienen aún suficiente potencia lumínica como compensarlo. En segundo lugar, como sabe quien haya filmado en 3 D, los travellings y los movimientos bruscos no encajan bien con el formato. Y en tercer lugar, cuando uno rueda directamente en 3D el coste es un 30% mayor que si se rueda en 2D; en contrapartida preparas cada plano pensando en el formato, decides si quieres que sea más o menos profundo, mientras que si se convierte –y a menos que como he dicho antes se trabaje plano a plano- es imposible planificar eso”.

Sin embargo, los últimos ejemplos antes citados demuestran que los productores no están muy por la labor de derrochar tanto dinero para llevar a cabo este proceso de dimensionalización en óptimas condiciones, pese a poner en el aclamado “eslogan” de “en 3D” en sus carteles publicitarios. A cambio experimentan un incremento de la recaudación en taquilla por el aumento del precio de la entrada, que en EEUU ha llegado a alcanzar un 10% en lo que va de año.

Además, tienen la desfachatez de prácticamente exigir a los exhibidores que cuenten con unas instalaciones adaptadas al nuevo formato tecnológico. En España, por ejemplo, sólo el 7% de las salas de cine (267 pantallas) proyectan en 3D, a lo que se suman las cinco salas de IMAX, mientras que en Europa la cifra asciende al 10%. Provincias como Soria, Burgos, Cuenca y Teruel, así como Ceuta y Melilla no disponen de cines con pantallas para formato tridimensional.

Esto nos lleva a cuestionar la política de la industria estadounidense que, en tiempos de crisis, prefiere recortar gastos y buscar ingresos de donde sea, sin analizar si el mercado está preparado para la introducción de estas nuevas tecnologías.

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