Si desaparecen los periódicos de papel, ¿yo qué hago?

11 mayo 2010 at 00:16 Deja un comentario

Juan Luis Cebrián parece tener claro hacia dónde ir en el periodismo, pero no el cómo ir hacia allí.

Juan Luis Cebrián parece tener claro hacia dónde ir en el periodismo, pero no el cómo ir hacia allí.

Esa es la conclusión a la que uno llega cuando lee el discurso que Juan Luis Cebrián, consejero delegado de Prisa, pronunció en la gala de entrega de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo.

En su alocución, Cebrián, además de hacer una reivindicación de la labor del periodista y de la profesión como garante de la libertad y de la salud democrática de las naciones, se aventura por una ciénaga pantanosa de la que parece no saber salir. Y me refiero a cómo Internet ha trastocado el modelo de negocio del viejo periodismo, el de papel, el de toda la vida.

El mismo modelo que permitió echar de la Casa Blanca a todo un presidente Nixon por el caso de espionaje Watergate, o que permitió desvelar las atrocidades de regímenes dictatoriales, está en decadencia, dice Juan Luis Cebrián, por Internet, el nuevo medio 7días/24 horas, que además de ofrecer información actualizada al minuto, está disponible sin restricciones de fronteras y, lo más importante, gratis en la mayoría de los casos.

Ese nuevo modelo (actualidad, instantáneidad, disponibilidad total y gratuidad) es el que, junto a la crisis económica, está hundiendo a la prensa tradicional. En contra tiene sus altos costes de producción y la imposibilidad de estar tan actualizado como sus hermanos digitales. “El profesor Meller, en su libro Vanishing Newspaper formula una profecía: en el año 2043 dejarán de existir los periódicos escritos. En realidad lo que dice Meller no es que desaparecerán los diarios sino los lectores, no habrá nadie que los lea y que los compre y, por tanto, las empresas no los publicarán” afirma Cebrián.

Sin embargo, la apuesta por Internet no está clara para nadie, y menos para Cebrián. Ese modelo gratuito –que por cierto, es el favorito de los jóvenes- sólo se sostendría mediante la publicidad, pero en estos momentos las cantidades que se mueven por inversión publicitaria en la red no permiten sostener una empresa como El País. ¿Solución a medio plazo? El pago por el acceso a los contenidos, ya sea total o parcial, como ya han anunciado que harán varios medios, entre ellos ‘The New York Times’ y ‘Financial Times’, ambos del grupo News Corp. de Rupert Murdoch. El Mundo, por su parte, ha optado por ofrecer, de forma paralela a su edición abierta en la red, ‘Orbyt’, un servicio de suscripción con información de valor añadido.

Aun así, algunas experiencias de pago, como la que vivió el propio ‘El País’ a principios de 2000, han resultado un fracaso debido, en parte, a que los potenciales lectores han perdido la referencia económica, el valor, el coste, de la información. “¿Para qué pagar si lo tengo gratis?”, se preguntan muchos al inquirirlos sobre este fenómeno.

“Siempre hemos pensado que la credibilidad y el rigor de los periódicos eran la base, entre otras cosas, no solo de su influencia política sino de su beneficio económico, de su rentabilidad o de su configuración como empresa”, responde al argumento anterior el consejero delegado de Prisa.

Y he aquí otro problema. “El papel de los diarios en la formación de la opinión pública mediante análisis, comentarios y debates[…], junto al periodismo de investigación, tiene ahora que competir con la eclosión de confidenciales, intercambios en las redes sociales, tweeters, youtubes, y demás familia”. Al profesional, por la propia configuración de Internet, le salen miles competidores espontáneos que no sólo torpedean su trabajo, haciendo que pierda valor, sino que además degradan el valor de la información.

Y es que hay mucha gente que al navegar de la red no es capaz de discernir el bulo de la noticia contrastada; el rumor del comentario fundado; en definitiva, de lo que importa de lo que no lo es, pero lo parece.

Así las cosas, nadie parece tener muy claro hacia dónde va el periodismo escrito –no así el audiovisual, cada vez más tendente a la especialización por temáticas, en un proceso que ya siguieron las revistas casi desde su inicio, hace más de 120 años-, y El País es un buen ejemplo.

Cebrián aboga por que Internet es el futuro, pero la imagen de la edición digital de dicha cabecera, donde no hay mucha cabida a la originalidad y la autonomía, como sí tiene su competencia más directa, Elmundo.es, brilla por su ausencia, parece dar a entender que en Prisa no se creen su propio discurso. Da la impresión de que no saben muy bien qué hacer, aunque Cebrián esté metiendo prisa –y nunca mejor dicho- desde las tribunas de oratoria. Quizá esté intentando ganar tiempo hasta dar con la respuesta a la pregunta que encabeza este artículo. Quién sabe…

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