¿Por qué los jóvenes no ven esperanzas en España?

29 julio 2010 at 07:54 Deja un comentario

Tras años de estudios y esfuerzo, el joven español no ve esperanzas laborales.

Tras años de estudios y esfuerzo, el joven español no ve esperanzas laborales.

No, hoy no vamos a hablar de la abolición de las corridas de toros, aunque sea el tema candente de esta semana; sino de otro tema que parece estar escondido de muchas portadas de diarios, hasta que sale un caso en los medios, como sucedió ayer en ‘El País’. ¿Ven los jóvenes esperanzas en España?

La pregunta de marras podría carecer de sentido a la vista de la realidad que nos rodea: nuestro país vive en una sociedad avanzada, moderna, dinámica, en libertad, dentro de una cultura del buen comer, del mejor beber y de la auténtica vida social. Vamos, un paraíso para cualquier joven que se precie, ¿no?

No, si nos fijamos en los datos que Eurostat ofrecía en cuanto al paro juvenil en España hace un año. Entonces, un 33,6% de los jóvenes españoles estaban en paro, o lo que era lo mismo, uno de cada tres. Lo curioso es que la media de la Eurozona en cuanto al desempleo juvenil se situaba entonces en el 18,4%.

Y lo de la desesperanza no se crean que viene únicamente de la frustración de no encontrar trabajo como consecuencia de la crisis. La escasa remuneración, la inestabilidad en los contratos, a menudo bordeando o traspasando la ilegalidad, o la nula valorización de la enorme formación de muchos jóvenes por parte de las empresas cuando se da con un empleo, forma un poso que en la edición de ayer de ‘El País’ ha sacado a relucir Ricardo Paternita, arquitecto en paro después de “encadenar años de empleo mal pagados”, según reza el subtítulo del artículo.

Aunque muchos quizá lo hayan leído, Paternita representa un caso no poco frecuente: treinteañero, con ganas de todo, hiperformado –amén de la carrera, ha hecho cuatro años de doctorado y cursó estudios en Inglaterra y Holanda, donde además trabajó de ‘becario’ por 2.500 euros/mes, según cuenta como contraste-, pero al que los estudios de arquitectura, como asegura ocurre con muchos otros de sus compañeros de profesión, han exprimido, explotado y sacado el jugo a base de muchas horas de trabajo, mal pagado, a menudo bajo la figura del falso autónomo –la empresa obliga al trabajador a darse de alta como autónomo, pero en la práctica su situación laboral sigue siendo la de un mero asalariado, y cobrando menos después de pagar impuestos- y luego, cuando no hay trabajo o hace falta ajustar el presupuesto, se recorta precisamente por esa base.

Vamos, que uno en esa situación se siente como un pañuelo usado, que no tiene valor por sí solo, que sólo adquiere su verdadera valía cuando se necesita, y que una vez ha cumplido con creces su función, acaba olvidado en una papelera o, en el peor de los casos, tirado en la acera. “Han destrozado todas nuestras expectativas”, asegura Ricardo, resumiendo esta metáfora que acabamos de hacer nosotros.

Todo esto permanece oculto a buena parte de la sociedad, que por cierto es ajena a la ‘fuga de cerebros’ que se está produciendo en nuestro país. Los de ciencias, y especialmente los dedicados a la investigación científica o técnica, se marchan fuera, donde hay más posibilidades –y más inversión- en estos campos; mientras que los de letras –ciencias sociales y jurídicas- salen fuera, allí donde se sienten más valorados y donde las empresas sí reconocen la fomación académica, la especialización y la fluidez con los idiomas que la persona tenga.

¿Qué queremos transmitir con todo esto? Que España nunca avanzará si no cambia la mentalidad empresarial de este país. No se puede pretender que un universitario con una alta cualificación esté dispuesto a dejarse la piel por 700 míseros euros, y que encima esté motivado; así se pierde mucho dinero y oportunidades de crecer. Spain is diferent, incluso en esto.

Tampoco se libra el Gobierno. Los sucesivos ejecutivos, ya socialistas, ya populares, se han venido preguntando cuál es la fórmula para generar empleo. Una clave reside, como ya han comprobado algunos países, es invertir en investigación, en I+D, en apostar por los jóvenes de verdad. Hagan eso, y verán como muchos y muchas, una vez que han adquirido los conocimiento necesarios, se aventurarán a fundar sus propias empresas, y con ellas la generación de empleo. ¿Cómo diablos se creen que nació Google?

Eso sí, para eso hace falta ser valiente y, además de poner dinero encima de la mesa en una nversión a largo plazo, se requiere modificar la ley para impedir tantos abusos del empresariado, ya citados arriba, de forma que se rompa el círculo vicioso en el que los jóvenes nos ahogamos. ¿Por qué será que cuando salen en televisión españoles que han salido fuera a buscarse la vida, aseguran que tardarán mucho en volver? Pregúntese, pregúntese…

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