¿Adiós a las bombas de racimo?

2 agosto 2010 at 00:31 Deja un comentario

Las bombas de racimo se convierten en pequeñas minas antipersona al quedar enterradas sin explosionar. (Foto: 20minutos.es)

Las bombas de racimo se convierten en pequeñas minas antipersona al quedar enterradas sin explosionar. (Foto: 20minutos.es).

Ayer, 1 de agosto, entró en vigor la convención que prohíbe la fabricación, compra, almacenamiento, tenencia y uso de las bombas de fragmentación o bombas de racimo, un tipo de armamento que ha causado desde 1965, fecha de su ‘puesta en servicio’, más de 100.000 víctimas, entre heridos y muertos, de lo que alrededor de un tercio son niños, según datos ofrecidos esta semana por la Coalición Contra las Armas de Racimo, entidad que agrupa a más de 300 ONG´s.

Este tratado fue firmado en mayo de 2008 por 108 países en Dublín, de los que 37 estados lo han ratificado. “El domingo es un día de celebración, es la concreción de un sueño que parecía imposible y que ha hecho realidad la voluntad de la sociedad civil con la ayuda de algunos estados”, dijo el jueves pasado en rueda de prensa Thomas Nash, portavoz de la Coalición.

Sin embargo, mucho nos tememos que éste no será el fin de las bombas de racimo. Como suele ocurrir con este tipo de acuerdos, los países clave en la fabricación y uso de este tipo de minibombas no se han adherido al mismo, lo que sin duda juega en contra del éxito final de la iniciativa. Estados Unidos, Rusia, China o Brasil, que pasan por ser algunos de los más importantes fabricantes mundiales – se sabe que EEUU fabrica alrededor de 800 millones de estas bombas-, así como Pakistán, India o Israel –el país sionista empleó en la guerra de Líbano de 2006 bombas de fragmentación de fabricación norteamericana, según indicó Nash- no han secundado el acuerdo. Como contraste, Alemania o Reino Unido, que almacenan cada uno unos 50 millones de proyectiles de esta clase y que forman parte del grupo de ratificadores, han anunciado que los eliminarán de sus arsenales.

La justificación que estas naciones exponen para seguir contando con las bombas de racimo es que estas armas son de uso legítimo. El problema es que estas bombas, que dejan caer miles de pequeños artefactos del tamaño de una lata de refresco, y que resultan letales a cualquier persona que se encuentre en un radio de 15 metros, suelen tener un margen de error en la detonación de hasta un 30 por ciento.

Y aquí radica el verdadero drama de este tipo de armamento. Las minibombas que no estallan continúan activas durante al menos 40 años, a menudo enterradas en el suelo o en plena superficie, convirtiéndose de facto en auténticas minas antipersona. De hecho, no pocos niños han acabado con miembros amputados, e incluso han muerto, por manipularlas, ya que a menudo tienen colores brillantes.

Porque suponen un drama en todos los lugares donde han sido usadas, las bombas de racimo merecen desaparecer del catálogo de armas de todos los ejércitos del mundo. No vale ya el argumento, a veces esgrimido por los oficiales, de que en una guerra combaten también los civiles de un país, y no sólo sus fuerzas militares, pues a menudo suele ocurrir que la población se ve envuelta en el conflicto sin desearlo, únicamente porque sus gobernantes deciden emprender la aventura bélica por distintos intereses.

La guerra es casi consustancial al género humano, y el mundo actual se ha concebido a raíz de cientos de batallas, de guerras, de combates por tierras, recursos naturales, por causas religiosas o étnicas o, simplemente, por el enfrentamiento de egos. Y, ya que parece que, por el momento, continuarán en el mundo actual sucediéndose conflictos armados, lo menos que se puede pedir es que se dejen de utilizar armas que hieren a los que menos culpa tienen, los civiles, y en especial los niños. Quizá Barack Obama deba pensar en esos cientos de chavales que un día vieron cómo una de estas pequeñas bombas les arrancaba un brazo, una pierna o quizá la vida de algún amigo o familiar cercano, y actuar para que su país y el resto de los que no se han adherido a este convenio, lo hagan. Yes, you can, (if you want, of course).

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